Recuerdo la tumba de B. Primero escucho el graznido de los cuervos, que llenan de música el cielo de este parque habitado por los muertos. Es domingo por la
mañana y camino bajo una luz suave rumbo a una tumba protegida por la
sombra de árboles que ya estaban allí cuando muchos de los habitantes
de este cementerio aún pertenecían a la realidad.
(Luis Córdova, en Ginebra 2006)
No hay nadie más, y en medio de las lápidas me siento inusualmente vivo. La brisa es poderosa, porque en septiembre ya se sienten los síntomas del otoño, aunque los árboles aún no pierden las hojas… sucederá dentro de poco. Los nombres esculpidos en la piedra te recuerdan que no estás en un lugar cualquiera: muchísimos están también escritos en los nombres de las calles de esta ciudad, presente en el ruido de los automóviles que se cuela, tenue, desde más allá de una muralla mohosa.
Nada perturba la paz de este parque funerario lleno de cuervos, donde el día se impone con pereza dominical. He venido a visitar la tumba de B para tratar de encontrar una paz que me permita vaciar los pensamientos, curar mi ansiedad. Cierro los ojos, siento las fuerzas de la naturaleza coqueteando a mi alrededor.
Tomo notas sentado en un banco frente a la lápida. Es una piedra que parece haber sido arrancada de un pasado distante, aunque no debe ser tanto pues las fechas indican: 1899-1986. Sin embargo, cuenta una historia antigua. En la parte de atrás tiene labrada una nave vikinga con una vela inmensa, y por delante, un grupo de guerreros blandiendo espadas y hachas, ¿los vikingos?
Al lado de la fecha hay un símbolo que parece evocar al seth de los egipcios, el mismo que se usa para describir al sexo femenino o al cobre. Por delante hay una inscripción que dice: "…And ne forthedon nà", que según datos hallados en un folleto significa "…y uno no debe tener miedo". Dicen que forma parte de un poema de fines del siglo X que habla de los vikingos. Por detrás dice: "Hann tekr sverhit Gram ok leggr i methal theira bert", que quiere decir "…". Y luego "de Ulrica a Javier Otárola". Él es un personaje de un cuento, "De Ulrica", que habla de cómo el amor puede conducir a la muerte.
La tumba de al lado es de Framcois Simon, y lleva el número 711. En vez de lápida tiene dos manos entrelazadas, de bronce, entre las cuales alguien ha colocado flores. Y la del frente, la 611, es de J.A. Bochi, fallecido en 1895. Pero la tumba de B tiene el número borrado. Al parecer es la más visitada del lugar junto con la de Calvino, el protestante.
Está cubierta por plantas rastreras que parecen decaídas después del verano. En medio de esas hojas alguien ha dejado una flor envuelta en celofán con un papel en el que sólo distingo la palabra 'poeta'. Y alguien ha dejado un papel suelto, que casi se me deshace en las manos cuando trato de leerlo. Sólo alcanzo a descubrir dos palabras: 'puto farsante'. Encima de la lápida han dejado algunas piedrecillas. El banco está rodeado de colillas, lo cual indica visitas frecuentes.
Busco una piedra y consigo una que tiene manchas blancas, como si llevara dibujado el mapa de otro planeta. La coloco encima de la lápida. Los pensamientos ya se disipan. Un mensaje telefónico me lleva hacia otro lugar y soy asaltado por un repentino recuerdo erótico. Ha llegado la hora de dejar el cementerio. Volveré pronto, Jorge Luis Borges.
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