Recuerdo la tumba del Corto Maltés, una tarde turbia y oscura. Habíamos
recorrido una carretera llena de curvas antes de llegar al pequeño
cementerio, un lugar casi imperceptible, lleno de silencio. La foto
tomada en ese momento recuerda una lápida, algunas plantas, un vaso
lleno de pinceles para honrar el maestro del comic. Del fondo de un
cuaderno sale una nota de ese día que dice: Algunos viajes no terminan
jamás...
...pero casi todos tienen un comienzo. Este, por ejemplo, podria partir desde el cementerio de Grandvaux, una pequeña localidad suiza que cuelga sobre el lago Leman, conocido también como el lago de Ginebra. Al final de una tarde de invierno, algunos rayos de sol logran colarse entre las nubes y acuchillan la superficie del agua, un fuerte viento amenaza con arrastrar los pensamientos. El momento es propicio para soñar, soñar tal vez que estamos junto a la tumba perdida de Corto Maltés, gentilhombre de fortuna, aventurero poético como pocos, enamorado sin suerte.
Pero al abrir los ojos descubrimos que la lápida tiene escrito otro nombre. Dice: 'Hugo Pratt, 1925 - 1995'.
Dejaste algo en la tumba? O te trajiste todo en el recuerdo?
Publicado por: mariveni | 18 de febrero de 2008 en 10:13